Miramos a un niño o niña con la capacidad de admirarnos de cada gesto que venga de su parte. Nos provocan la sensación de que debemos protegerlos, resguargarlos, y maravillarnos con cada logro porque ellos serán los que vivirán en el mañana, pero acaso ¿no viven hoy?
No hay ningún ser humano el cual no haya sido niño y no haya disfrutado de los sabores o desazones de esos, los primeros años. Desde el susurro de la madre y el calor de su abrigo ó las suplicas por un silencio sin llantos; la mano gigante, fuerte protectora ó la que sin pensar agredía, la primeras palabras, risas y llantos ó los garabatos e insultos por llegar y convertirse en un estorbo, los primeros recuerdos, las primeras penas, las primeras fotos, las primeras peleas y sus reconciliaciones con una simple sonrisa, los primeros liderazgos y competencias, los primeros amigos y amores, las primeras batallas en contra del tiempo y las ganas de seguir acostaditos en la cama, los primeros ídolos y los primeros fantasmas, los primeros libros y los primeros escritos, las primeras canciones y las primeras invenciones, los juguetes, al caja y la tierra, las mascotas, los paseos, los abuelos, los hermanos, todo.
Hoy el ser niño cada vez es más corto. Termina bruscamente con un embarazo, con la pérdida de algún mayor cercano, con el maltrato cotidiano, con la violación del espacio personal, con la falta de oportunidades, con una televisión que sólo te invita a tener más y competir con el otro antes de aprender con el otro; con la soledad, esa soledad de la cual somos culpables los adultos al olvidarnos de nuestras responsabilidades. Nos hemos acostumbrado a dejar el escalón más importante de la manera más rápida para así dar paso a la rutina, a la perversión de ocuparnos de todo, pero finalmente de nada.
Es cosa de salir a la calle, entrar a un supermercado, ir a un colegio, pasear por un mall, ir en la micro y encontraremos con una pelota, con una muñeca, con esos juegos tecnológicos a un ser pequeño, frágil, tímido, abandonado, violentado, sonriente y sin varios dientes, con hambre o con frío, con sueños, bajo el alero de un paradero, con un helado o pidiendo limozna, contento y feliz; en todos lados escontrarás a una criatura indefensa, vulnerable, soñadora.
Yo recuerdo que mi niñez alguna vez fue puesta sobre la mesa y discutida por una persona que nunca olvidaré. -Tengo envidia de lo que eres. -Tu lo has tenido todo. -Yo no he tenido nada.
Más que un balde de agua fría, fue el tomar consciencia de lo que puede ser el sentirse frustrado ante una vida que no ha sido tan afortunada. Nunca olvidaré el resentimiento de sus ojos, pero a la vez el abrazo que me dío dejando en mi una cruz la cual valoro y por la cual he decidido levantarme cada día.
No es fácil ser grande, menos cuando la infancia no ha sido buena. Durante mis pasos es esta vida he conocido tantas historias y creo que cada una me hace valorar lo que tengo y lo que no tuve también, que creo ha sido muy poco.

Escuela, amor, lenguaje, ejemplo, futuro son mis cinco pilares. El mundo globalizado ha desarrollado en el humano características las cuales, sí! han demostrado lo esplendorosos que podemos llegar a ser pero también la indeseable raza en la que nos hemos convertido. Ya no aprendemos, imitamos; no amamos, necesitamos; no conversamos, gritamos; no decidimos, acatamos; no soñamos, sobrevivimos. Un sabio habitante de mi vida siempre recalcó en nuestras conversas que el vivir era muy diferente al sobrevivir, por lo tanto que debíamos luchar día a día por vivir y convencernos que cada segundo era crucial en este camino; que los animales los cuales eran guiados por el instinto sobrevivían por que no tenían otra opción que sobreponerse ante el más débil. Lamentablemente esta última característica, la hemos copiado casí intacta y nos hemos olvidado de lo esencial, de vivir.
Los niños se han olvidado de vivir, lo hemos obligado a ser parte de lo que somos como grandes. Nos hemos olvidado de su sonrisa, de su ser persona, de sus ganas de que no se acabe el día, de su ingenio y su imaginación, de sus sueños, de sus ganas de jugar con barro y ensuciarse, de tirarse agua y tirarse de guata al sol.
Somos dueños de años, no tan sólo de simples días, todos deseamos cargar la batería con un "te quiero" ó "eres importante para mi". Estoy segura que muchos niños casi no conocen estás palabras y también estoy segura de que cuando se lo dices son capaces de dar lo mejor de sí.
Démonos el tiempo de respetar a la infancia y al ser humano, por educar al ciudadano del hoy y del mañana.No me queda claro el que si mantuviéramos más razgos de lo que somos cuando niños seríamos mejores humanos grandes, pero sí, que mientras más somos capaces de soñar cuando niños, más podemos lograr cuando seamos grandes grandes.
Millaray....Millaray!!!
ResponderEliminarmi niña, la niña que soy, se siente feliz y protegida contigo.
Gracias.
...qué linda tarea compartimos!
Un..no no dos, tres, muuuuchos abrazos!!!
Luzma
Ay profe! casi un año después descubro sus palabras...
ResponderEliminary sí! es la mejor tarea!