viernes, 19 de febrero de 2010

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Por primera vez en mi vida, siento que me están prohibiendo y me siento mal.
Esto me hace sentir mal.

Toda mi vida he podido decir y hacer todo lo que he querido, claro todo dentro de mis aprendizajes y expectativas.

Hoy, aquella persona de la cual aprendí mucho de lo que soy ahora, me dice en mi cara que deba limitar mi opinión, ya que ante la panorámica país, puedo estar exponiéndome a una mente perversa que me quiera hacer desaparecer.
Acaso no es peor (para ella) tener que lidear con una pinturita, o una adicta al reguetton, o una ociosa que su horizonte no sea más allá que un carrete. A construido en mi un ser pensante, que quiere decir y hacer mucho, con un objetivo más fiel que construir en su mundo, en su realidad, justicia y el fin último, ser feliz (y vivir en paz y una sarta de cursilerias).
En este momento hasta mi perro me mira con cara de "que fea te ves enojada" pero no lo puedo evitar.
Creo que en mi afán por encontrarle el buen gusto a la política me ha alejado de los comentarios normales de una mujer de 21 que ella desea.
En este preciso momento siento ganas de llorar y por primera ves me pongo en los pantalones de mi hermano para sentir cada una de esas batallas donde mamá siempre tiene la razón.
En realidad no se que es peor, si lidiar con una madre que no te teme a ti si no a los demás o con un padre al cual no soporto política intervención al caso.
El descontrol me hace vomitar en este momento palabras y en este caso especificamente siento en lo personal que gano con el 75%, dejando el 25% a la razón por lo cierto, obvia, de proteger a uno de sus retoños.
Pero que hago si siento que al que le escribo es un payaso. Tengo todo el derecho de hacerlo.
Creo finalmente que deberé moderarme, para en un 100% no dañar sus sentimientos y para no interferir en la imagen que estoy construyendo como futura educadora, punto en el que precisamente tiene mucha razón.
Se que estoy llendo en contra de aquel sopetón sentimental del cual aveces salen grocerias encubiertas, o frases muy bien armadas, o cursilerias dignas de un proverbio.

Finalmente... "Amor y sabiduría no habitan en el mismo castillo"...es cierto

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